Igualdad y equidad

En la imagen de la izquierda tenemos a tres personas de distintas estaturas frente a una cerca. A cada una le entregamos exactamente la misma caja para que pueda mirar por encima. El trato fue idéntico, pero el resultado no, una puede ver perfectamente, otra apenas lo consigue y la tercera sigue sin alcanzar.
Ahora en la imagen de la derecha en lugar de entregar una caja a cada persona, observamos qué necesita cada una. Quien puede ver sin ayuda no recibe ninguna; otra persona recibe una caja y quien tiene mayor dificultad recibe dos. Los apoyos son diferentes porque las necesidades también lo son.
Esta sencilla imagen permite explicar una diferencia que también encontramos todos los días en las organizaciones: igualdad y equidad no significan lo mismo.
La igualdad parte de un principio importante: todas las personas deben recibir el mismo trato y tener acceso a los mismos derechos y oportunidades. El problema aparece cuando asumimos que ofrecer exactamente lo mismo es suficiente, sin considerar que las personas no necesariamente parten de las mismas condiciones.
Una empresa puede ofrecer el mismo programa de capacitación a toda su plantilla, por ejemplo. En principio parece justo. Pero ¿qué sucede si parte del personal trabaja en horarios que dificultan asistir?, ¿si alguna persona tiene una discapacidad que requiere ajustes de accesibilidad?, ¿o si algunas posiciones tienen acceso constante a una computadora mientras otras realizan principalmente trabajo operativo?
La oportunidad existe para todas las personas, pero el acceso real a esa oportunidad puede ser diferente.
Ahí aparece la equidad.
Hablar de equidad no significa favorecer arbitrariamente a unas personas sobre otras. Significa identificar las barreras que pueden impedir que alguien participe, aprenda, se desarrolle o compita en condiciones comparables y preguntarnos qué podemos hacer para reducirlas.
En una organización, esto puede traducirse en acciones concretas: adaptar materiales para personas con discapacidad, ofrecer distintos horarios para una capacitación, establecer ajustes razonables, horario flexible, revisar si los procesos de promoción generan barreras innecesarias o proporcionar herramientas específicas para que una persona pueda desempeñar adecuadamente su trabajo.
Por eso, una pregunta útil para quienes lideran equipos no es solamente:
“¿Estoy tratando a todas las personas de la misma manera?”
También vale la pena preguntarse:
“¿Todas las personas tienen realmente la posibilidad de aprovechar las oportunidades que estamos ofreciendo?”
La diferencia parece pequeña, pero cambia la conversación.
Existe otro matiz importante. Buscar equidad no significa que todas las personas deban obtener exactamente los mismos resultados. En el trabajo siguen existiendo diferencias relacionadas con responsabilidades, experiencia, desempeño, decisiones individuales y características de cada puesto.
El objetivo es procurar que características o circunstancias que no deberían convertirse en barreras injustificadas limiten innecesariamente la participación y el desarrollo de las personas.
Volvamos a la imagen de la cerca. La equidad no consiste simplemente en repartir más cajas. Primero exige observar qué está impidiendo que cada persona pueda ver.
Y quizá exista todavía una pregunta más interesante: ¿es necesario que haya una cerca?
En ocasiones, las organizaciones concentran sus esfuerzos en ayudar a las personas a superar barreras que sus propios procesos han creado. Una mirada más profunda sobre inclusión implica revisar también esas estructuras, requisitos innecesarios, prácticas poco accesibles, sesgos en decisiones, canales de comunicación limitados o políticas que funcionan bien para algunas personas, pero dificultan innecesariamente la participación de otras.
Construir espacios laborales más equitativos comienza por reconocer algo sencillo, las personas son diferentes y sus circunstancias también lo son. Ignorar esas diferencias no necesariamente produce justicia.
La igualdad sigue siendo indispensable porque establece una base común de derechos, respeto y oportunidades. La equidad complementa esa mirada al preguntarse qué necesita cada persona para acceder realmente a ellas.
Tal vez por eso la imagen de las cajas resulta tan poderosa. Nos recuerda que una organización puede entregar exactamente lo mismo a todas las personas y, aun con buenas intenciones, dejar a alguien sin poder mirar al otro lado.
La pregunta no es únicamente cuánto estamos dando, sino qué barreras estamos ayudando a eliminar.
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